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Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo (Resumen)
Comparezco ante el pueblo de México a casi dos años de haber asumido la Presidencia de la República. Lo hago con la certeza de que estamos transformando la vida pública del país. Cada avance, decisión y esfuerzo, tienen un mismo propósito: que el bienestar llegue a todas y a todos.
Estoy convencida que México camina por el rumbo de la Prosperidad Compartida, con independencia, libertad y con mucha dignidad.
Hemos ejercido el gobierno con honradez y austeridad republicana. Tenemos claro que los recursos públicos son del pueblo y deben ejercerse para su beneficio.
Durante muchos años, mientras millones de mexicanas y mexicanos trabajaban todos los días para salir adelante, el gobierno se fue alejando de la gente, de sus necesidades y de su realidad. Se utilizaban los recursos públicos para excentricidades y lujos, y se gobernaba para unos pocos. Eso terminó con la llegada de la Cuarta Transformación, y lo digo claro: debe continuar de esa manera.
Se separó el poder económico del poder político y se gobierna con honestidad.
Hoy existe una relación distinta entre el gobierno y el pueblo. Somos un gobierno que está presente en cada rincón del territorio, que recorre el país, que escucha, atiende y rinde cuentas.
Los recursos públicos se convierten en Programas para el Bienestar, escuelas, hospitales, vivienda, carreteras, obras de agua, trenes y seguridad.
Gobernamos promoviendo y garantizando el ejercicio de las libertades y la democracia. No se reprime al pueblo, no se utiliza la fuerza del Estado para callar a quienes piensan distinto.
Se respeta plenamente la libertad de expresión y manifestación.
Las instituciones públicas tienen como origen la voluntad ciudadana. Hoy, también el Poder Judicial es elegido por el pueblo y se establecen mecanismos para garantizar el derecho de las audiencias en los medios masivos de comunicación.
Esta es una transformación en la manera de entender y ejercer el poder público: un gobierno que trabaja para todas y todos, pero mantenemos la máxima de la Prosperidad Compartida; o dicho de otra forma “Por el bien de todos, primero los pobres”.
El Humanismo Mexicano y la Economía Moral parten de una idea sencilla: la economía debe estar al servicio de la gente, y eso solo puede lograrse con honestidad.
No podemos esperar que los beneficios del crecimiento lleguen por sí solos a todas las familias. Desde nuestra perspectiva, el Estado tiene una responsabilidad rectora: planear e impulsar el desarrollo, garantizar los derechos sociales, fortalecer una distribución justa de la riqueza, fortalecer los sectores estratégicos, al mismo tiempo que se garantiza una economía de mercado.
En estos casi dos años hemos enfrentado difíciles circunstancias internacionales, marcadas por un cambio en la política arancelaria del gobierno de los Estados Unidos. En particular, los aranceles a la exportación de vehículos, acero, aluminio y sus derivados, así como la guerra en Irán que elevó los precios internacionales del petróleo han generado difíciles circunstancias para nuestro país y para todo el mundo. Aun en estas difíciles condiciones, la economía mexicana permanece estable y avanzando.
El peso está fuerte, se mantiene en cerca de 17 pesos por dólar, una de las monedas más apreciadas en todo el mundo.
Por segundo año consecutivo, la balanza comercial es positiva.
Al inicio del gobierno presentamos el Plan México, que tiene el objetivo de producir más para el consumo interno, sustituir importaciones, fortalecer y diversificar el comercio exterior.
Nuestra visión también implica promover la innovación soberana, que se traduce en desarrollo para todas y todos. Por ello, conformamos equipos de trabajo de profesores, investigadores y estudiantes de universidades e instituciones de educación superior públicas, dedicados al desarrollo de 20 proyectos estratégicos de innovación, desarrollo de tecnología nacional y estudios humanistas.
Los Programas del Bienestar son una expresión de la convicción de que nadie construye una nación solo y de que tenemos la obligación de apoyar a quienes durante mucho tiempo fueron olvidados.
Los Programas sustentan y se sustentan en el Humanismo Mexicano, en una idea sencilla, pero poderosa: la riqueza de México debe traducirse en bienestar para su pueblo.
Por eso, una pensión para un adulto mayor, una beca para un estudiante o un apoyo para quien trabaja la tierra no son concesiones del poder, sino una forma de reconocer la dignidad y el esfuerzo de millones de mexicanas y mexicanos.
Es una nueva manera de entender al Estado, no como espectador de las desigualdades, sino como instrumento de justicia. Y quizá ahí se encuentra una de las mayores transformaciones de nuestro tiempo: haber convertido el amor en política pública, y la política pública en derechos que le pertenecen al pueblo de México.
En salud estamos recuperando un derecho que durante años fue abandonado. Cuando llegó el gobierno de la Cuarta Transformación, había un profundo retroceso en el Sistema de Salud pública en México.
Estamos recuperando la soberanía energética de la nación.
Seguimos recuperando el ferrocarril de pasajeros, sello de la Cuarta Transformación de la Vida Pública.
La paz y la tranquilidad de las familias son la prioridad del gobierno. Miles de guardias nacionales, soldados, marinos, agentes de seguridad y servidores públicos trabajan todos los días en los 4 ejes de la Estrategia Nacional de Seguridad que nos hemos planteado:
Atención a las Causas.
Consolidación de la Guardia Nacional.
Fortalecimiento de la inteligencia y la investigación.
Y coordinación entre las instituciones del Gobierno Federal, la Fiscalía y coordinación con las entidades federativas.
En política exterior hemos mantenido los principios constitucionales, no solo porque esa es nuestra obligación sino por convicción propia: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto; la protección y promoción de los derechos humanos; y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.
En México queremos cooperación, diálogo y entendimiento con todas las naciones. Pero cooperación no significa sometimiento. Amistad, no significa renunciar a nuestros principios.
Y mientras yo tenga el honor de servir como Presidenta de la República, defenderé con toda firmeza nuestra soberanía, nuestra dignidad y nuestra independencia. Porque México es un país soberano. Y la soberanía no se negocia, no se entrega y no se comparte.
Somos parte del proyecto de la Cuarta Transformación de la Vida Pública.
Los ojos del mundo están puestos en México, porque aquí un pueblo grande ha decidido escribir su propia historia.
Consolidamos un proyecto que nace desde abajo y pone en el centro la igualdad, la justicia y el bienestar.
México no se somete ni se detiene.
México es libre, es soberano y avanza con dignidad, con la fuerza de su pueblo y con la mirada puesta en un futuro que proviene de nuestro legado de grandeza.
Tenemos la responsabilidad histórica de garantizar el camino de la honradez y de un gobierno que esté al servicio del pueblo.
Precisamente porque somos leales a esos principios podemos entregar buenas cuentas y garantizar un futuro de bienestar para todas y todos los mexicanos.
No olvidemos nunca que la autoridad política y moral se escribe todos los días. Esa no se adquiere ni con todo el dinero del planeta. Por ello, y justamente por ello, insistimos en que solo con honestidad se dan verdaderamente resultados. Vamos mejor y tenemos rumbo, porque ese rumbo lo marca el pueblo, que es nuestro camino y es nuestro destino.
¡Que viva nuestra independencia!
¡Que viva México!
¡Que viva México!
¡Que viva México!
Versión completa en:
Www.gob.mx/presidencia/artículos/version-estenografica-segundo-informe-de-gobierno-de-la-presidenta-claudia-sheinbaum-pardo
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